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viernes, 23 de agosto de 2019

Ética en las Organizaciones - Compliance

Actualmente, una de las preocupaciones que más desvela a la mayoría de los ciudadanos es la corrupción, tanto en ámbitos privados como gubernamentales, esta problemática que abarca todo el mundo y particularmente afecta a nuestro país, debe ser abordado desde distintas perspectivas e involucrando a todos los integrantes de la sociedad.

En el mundo de los negocios, el cumplimiento normativo, conocido también bajo el término inglés compliance, hace referencia a las normas internas establecidas por las empresas, para su actuación en los ámbitos interno y externo, que se expresan en mejores prácticas comerciales, implementación de un Código Ético, el establecimiento de políticas anticorrupción, la preocupación en la prevención de riesgos en el lugar de trabajo, protección de datos y activos informáticos, el blanqueo de capitales y operaciones comerciales, entre otras acciones. La creación, el establecimiento y el cumplimiento de estas normas creadas por y para las empresas es una forma de prevenir y evitar cualquier conducta ilícita.

El concepto compliance se implementó en los años 70 y 80 en Estados Unidos como consecuencia de los graves escándalos financieros relacionados con casos de corrupción que afectaron a importantes corporaciones, como el conocido escándalo Lockheed Corporation de soborno de funcionarios extranjeros.

En este sentido, hace unos días el diario La Nación, publicó un artículo del periodista Gabriel Cecchini, referido al tema.

Leemos en el artículo:

Compliance: la nueva sigla del CEO que corresponde a Chief Ethical Officer

Gabriel Cecchini

Por primera vez en sus 19 años de existencia, el estudio "CEO Success" que realiza anualmente la consultora PwC sobre la duración y performance de los CEOs de las 2500 empresas más grandes del mundo indica que, de los número uno que debieron abandonar sus puestos de manera involuntaria durante 2018 (89 en total), la razón principal de su partida estuvo relacionada con "fallas éticas" en un 39 por ciento de los casos, seguida en segundo lugar de un mal desempeño financiero (35 por ciento) y por desencuentros o diferencias de opinión con sus directorios (13 por ciento), en tercera posición.

Los despidos basados en faltas éticas aumentaron un 50 por ciento comparado con la suba del año pasado. 10 años atrás la mitad de los despidos estaba relacionada con una deficiente performance financiera y menos de un 10 por ciento con temas éticos. Hoy en día, son estos últimos los que se suben al podio del ranking.

Existe consenso entre numerosos especialistas en que no se constata hoy en día la presencia de una mayor cantidad de ejecutivos que se comporten de manera no ética que en el pasado. ¿Qué nos están diciendo entonces estos números?

Pues bien, lo clave aquí es la menor tolerancia y aceptación que existe hoy en día de estas fallas éticas en un contexto de hípertransparencia. Las empresas y sus CEOs en particular - verdaderos pararrayos de crisis reputacionales en estos días - están sujetos al constante monitoreo microscópico y en tiempo real de sus acciones por parte de sus diversos grupos de interés, tanto internos como externos, que están siempre dispuestos a sacar a la luz falencias en la cultura corporativa e incongruencias entre los valores declamados y las prácticas efectivas de dichas organizaciones y sus líderes.

Se evalúa la cultura corporativa no únicamente en base a los clásicos aspectos éticos relacionados con casos de fraude, corrupción o conflictos de interés, sino crecientemente en un espectro de temas de integridad que van desde desastres medioambientales, pasando por situaciones de discriminación y acoso, llegando hasta temas de protección de privacidad de datos de usuarios y de transparencia en cadenas de valor.

La rapidez con la que el riesgo reputacional puede materializarse en una crisis y escalar a partir de la presión ejercida por parte de distintos stakeholders, causando potencialmente daños de grandes dimensiones tanto en términos financieros como operativos, obliga a las empresas y a sus directorios a tomar decisiones con respecto a la permanencia de sus CEOs en plazos de tiempo muy breves. Decisiones que antes se tomaban en cuestión de semanas o meses, hoy se han reducido a cuestión de días o incluso de horas.

Los directorios saben que el costo de no actuar (es decir, mantener a un CEO en su cargo una vez conocido o denunciado un hecho indebido o falla ética de importancia relacionado con su gestión) puede ser muchísimo más oneroso que el hecho siempre problemático y complejo de tener que despedir al número uno de la organización. Incluso no vale aquí si se trata de un veterano CEO exitoso y arquitecto decisivo en el desarrollo y crecimiento de su empresa: así lo demuestran los casos recientes de titanes corporativos caídos en desgracia, en especial, de la industria automotriz, del sector de entretenimiento y medios de comunicación, y del sector bancario despedidos en estos últimos meses debido a fallas éticas de diversa índole que han involucrado, entre otros, casos de mal uso de bienes corporativos, acoso sexual, prácticas fraudulentas de ventas o lavado de dinero. Incluso casos en los cuales un ejecutivo ha incumplido con normas que a primera vista podrían considerarse faltas menores - las cuales hace pocos años atrás hubieran pasado desapercibidas - son en hoy en día no tolerables.

En junio de 2018, Brian Krzanich, entonces CEO de Intel, fue removido de su cargo luego de que se conoció que había mantenido una relación afectiva consensual con una empleada de su compañía, algo que estaba prohibido por las políticas de compliance de la empresa. Su desempeño al frente de la compañía tecnológica había sido excelente pero a pesar de ello la compañía decidió desvincularlo. Adicionalmente hay CEOs que han sido despedidos no principalmente a causa del problema o hecho indebido original que ocasionó una crisis reputacional puntual, sino por la manera en que salieron a gestionar y mitigar dicha crisis, empeorando la situación en vez de mejorarla. También con respecto a una deficiente gestión de este tipo de situaciones un CEO puede ver comprometida su posición.

Hay que decir que estas rápidas decisiones pueden considerarse injustas en ciertos casos ya que muchos CEOs han sido despedidos antes de que pudieran llevarse a cabo investigaciones internas que arrojaran resultados tangibles o de que incluso hubiera algún tipo de exposición legal que justificara tales decisiones. En estos casos, también se aplica el mismo principio descripto antes: se actúa proactivamente en pos de evitar o mitigar el costo del daño reputacional que puede acarrear mantener al CEO en su cargo.

Los CEOs saben entonces que al mismo tiempo que se los estará evaluando en términos del desempeño financiero de las organizaciones que lideran en cuanto a aumento de ganancias y rentabilidad, una mayor competitividad o crecimiento en participación de mercado, se les aplicará de ahora en más también este nuevo "lente" ético a la hora de evaluar su continuidad (o no) al frente de sus empresas. Bienvenidos a la era de los Chief "Ethical" Officers. Y de los riesgos de fallar en el intento.




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martes, 25 de junio de 2019

Cómo son los jefes bestiales, los abusivos, los narcisistas y los maquiavélicos - artículo

Nuevamente, Andrés Hatum en el programa "Comunidad de Negocios" que se emite por el Canal LN+, nos vuelve a introducir en la problemática de los antilíderes, aquellos jefes que recordamos no precesisamente por su performance positiva.

Leemos en la nota:

Cómo son los jefes bestiales, los abusivos, los narcisistas y los maquiavélicos

Tener un mal jefe parece algo casi inevitable a lo largo de una vida y, frente a esta situación, hay quienes eligen renunciar al trabajo y los que se quedan por distintas razones. Pero, en cualquier caso, conviene saber con lo que se está lidiando y cómo puede llegar a actuar esa persona.

De acuerdo con esto, el profesor de management y autor del libro "El Anti Líder", Andrés Hatum, compartió en el programa "Comunidad de Negocios" -que se emite por LN+ - una especie de taxonomía de los peores jefes con los que uno se puede encontrar.

1. El jefe bestial. De acuerdo con Hatum, lo bueno de este tipo de jefes es que se exponen como lo hizo el CEO de una empresa española llamada Iberdrola, cuando, en una presentación, se enojó con las personas que manejaban la luz y les gritó: "¡Ejecuten, no piensen, ya piensan otros por ustedes!". "La gente sabe que hacer cuando le toca un jefe así que es salir de la mira de esa persona y conseguir los resultados que él quiere porque sino te pasan estas cosas. Es terrible, pero es fácil darse cuenta de que es bestial. Si tu jefe es el presidente de la compañía es una cosa, pero si te toca de casualidad un jefe bestial y la empresa te gusta, entonces se puede tratar de zafar porque los jefes cambian", aconsejó.

2. El jefe abusivo. Para ilustrar este caso, el profesor de management utilizó al personaje de Berlín en La Casa de Papel. "Un líder abusivo lo que hace es intoxicar a la organización y cooptar a la gente lavándoles el cerebro y la gente sigue a ese líder, está alineada a esa persona tóxica. Este ejemplo es abusivo y narcicista", consideró.

3. El jefe narcicista. Según Hatum es el peor que puede tocar porque ahí la única salida es irse de la organización. "El jefe narcisista es aquel que de tanto mirarse al espejo no puede ver lo que lo rodea. Generalmente eligen equipos directivos de obsecuentes con poca calidad profesional. Nunca se puede crecer con alguien así al lado y, si le haces sombra, te hace la vida imposible. El abusivo a lo sumo te da una patada", describió.

4. El jefe maquiavélico. Acá el ejemplo fue con la serie The Office. "El juego de poder que hacen por detrás los jefes maquiavélicos es terrible. Te dicen por delante que está todo bien y por atrás te clavan el puñal. No te das cuenta enseguida cuanto tenes un jefe maquiavélico y psicópata", alertó.

Por último, sumó un ejemplo más de líder maquiavélico con el personaje de J.K. Simmons en la película Whiplash. "Acá lo ves en su función más toxica y abusiva en la que le hace imposible la vida a la gente. No sabés qué hacer. Porque poner en un curriculum que trabajaste con alguien así es fantástico, pero te arruinó la vida. Tienen manejos muy turbios y en los trabajos es mejor evitar a estos personajes", concluyó.




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lunes, 24 de junio de 2019

Las megaempresas y una historia de más de 400 años - artículo


Presentamos un artículo del artículo publicado en el Diario La Nación, sobre el tamaño de las organizaciones:

Las megaempresas y una historia de más de 400 años

La existencia de corporaciones gigantescas no es nueva en el capitalismo, pero hoy su avance aviva la polémica; se teme que su poder pueda minar la libre competencia

Sebastián Campanario

Cinco de las seis empresas más valiosas del mundo en la actualidad tienen un modelo de "plataforma" de acuerdo con un estudio reciente de tres académicos de Harvard (David Yoffie, Annabelle Gawer y Michael Cusumano). Los autores definen plataformas en un sentido amplio, que contempla asociar a terceras empresas en distintos vectores de productos y servicios, con lo cual se incluyen Google (con Android) y Apple (con el iPhone), además de Amazon, Microsoft y Facebook.

En total, la investigación contó 43 empresas-plataformas listadas en oferta pública, que generaron en los últimos 20 años la misma cantidad de ganancias que las "no plataformas", con la mitad de los empleados y tasas de crecimiento mucho más altas. El nuevo mundo corporativo, dicen los autores, es definitivamente de las plataformas.

En el denominado "Club Famga" o "GAFA" (por las iniciales de los colosos que se incluyan) se pelean por consolidarse arriba del billón de dólares de valuación (hoy están en carrera, pero por debajo). El iPhone de Apple, por ejemplo, según algunos estudios, está considerado el producto más exitoso de la historia, con 1600 millones de unidades vendidas hasta la fecha. Si se incluyen otros dispositivos que usan el sistema operativo iOS, la cifra asciende a 2200 millones de unidades.

En un marco más general, el mercado con compañías ligadas a internet se multiplicó por diez en la última década, según el emprendedor Elad Gil. "Con 3500 millones de personas online -de las cuales 3000 millones tienen celulares inteligentes-estamos en presencia del mercado potencial más grande de la historia", sostiene el empresario que le vendió su startup Mixer Labs a Twitter. Solo este incremento absoluto hace que valuaciones de compañías que hace una década estaban en US$10 millones hoy hayan visto crecer su valor a los US$100 millones. "Lo interesante es que este aumento de la escala hace que hoy para las start ups sea posible crecer más rápído que nunca", completa Gil.

La dinámica es global. Pasaron solo dos años desde que Mercado Libre superó en valor a la petrolera YPF. Desde entonces, las trayectorias fueron divergentes y en la actualidad la empresa de Marcos Galperín (que trabajó en YPF antes de fundar MeLi) sextuplica la capitalización de la petrolera. De hecho, la firma de comercio electrónico argentina vale más que Spotify y está en el entorno de la valuación de Twitter.

Pero aunque uno pueda impresionarse con estas comparaciones, lo cierto es que la presencia de megacorporaciones de tamaño sideral no es nueva en la historia del capitalismo. De hecho, en términos relativos, hubo firmas que llegaron a superar largamente a las valuaciones que se ven hoy entre las corporaciones de tecnología en la Bolsa de los Estados Unidos.

Un informe que tuvo amplia repercusión en redes, replicado semanas atrás por DutchReview y Visual Capitalist, actualiza el valor de grandes compañías del pasado -en su pico de valuación- con resultados sorprendentes. El récord por lejos lo tiene la Compañía Holandesa de Indias Orientales, que en el año 1637 llegó a valer el equivalente a casi 8 billones (millones de millones) de dólares, más que todo el Club Famga actualmente sumado. La firma se fundó en 1602, tenía sus oficinas centrales en Amsterdam y se aseguró el monopolio del comercio de especias por dos décadas con lo que hoy es Indonesia.

Fue la primera empresa en emitir acciones y llegó a emplear 70.000 personas en distintas partes de la ruta comercial, que por entonces tardaba en completarse entre diez y doce meses. Su pico de valuación lo alcanzó con la "fiebre de los tulipanes", y se derrumbó un siglo después de su fundación.

El segundo puesto en este ranking de gigantes de todos los tiempos es para la Mississippi Company en 1720 (6,5 billones de dólares). Grandes petroleras como Saudi Aramco, Standard Oil y las mismas IBM y Microsoft en su apogeo llegaron, en términos relativos, a valer más de lo que cuestan actualmente la empresas del Club Famga. Consultado en Twitter al respecto, el historiador económico Mauricio Drelichman (un experto en la economía europea de los siglos XVl y XVll) afirmó que la metodología para armar estas actualizaciones le resultaba dudosa.
Economía de plataformas

Más allá de la discusión metodológica y el debate por determinar cuál fue la empresa más grande de la historia, lo cierto es que la polémica por un eventual poder que mine la libre competencia por parte de estos gigantes está al rojo vivo. En los Estados Unidos, su prioridad es uno de los pocos puntos de acuerdo entre demócratas y republicanos, que debate si será necesario "romper" Amazon, Google, Facebook, etc. El 9 de mayo pasado, en una nota muy comentada del New York Times, uno de los fundadores de Facebook, Chris Hughes, publicó una columna titulada: "Yo cofundé Facebook. Es hora de romperlo".

En Inglaterra, país que suele estar a la vanguardia en este tipo de regulaciones, el Reporte Furman recomendó una mayor intervención estatal, la creación de una unidad especial que promueva la libre competencia en mercados digitales y un mayor control de las adquisiciones (aunque se abstuvo de sugerir "romper" estas grandes plataformas). El grupo Alphabet (Google), por ejemplo, viene comprando una startup cada 18 días en la última década, en tanto que las cinco empresas más grandes del mundo adquirieron 400 en total en el mismo período.

En los Estados Unidos, Amazon está comprando a precio de ganga los grandes shoppings que el comercio electrónico contribuyó a fundir, dado que sus extensas superficies resultan ideales como centros de distribución, cerca del consumo de los núcleos urbanos. Este elegante "golpe de gracia" se parece a la estrategia que en ajedrez usaba el armenio Tigran Petrosian, campeón mundial entre 1963 y 1969: la de la "boa constrictor" que ahogaba lentamente a sus rivales para forzar finales ganadores donde bastaba con sólo "soplar" al adversario para que se cayera.

"Estamos en un nuevo territorio, con mapas que recién se están armando y reglas nunca vistas en la historia del capitalismo: el de la economía de las plataformas", sostuvo en su newsletter semanal Exponential View el futurista Azeem Azhar. "Estas empresas hoy se volvieron una pieza clave de la infraestructura pública: buena parte de nuestro acceso a bienes, servicios y recursos está intermediado por estas grandes plataformas, que a su vez hoy parecen ser las únicas para resistir ciberataques a gran escala".

El debate está recién en una etapa inicial. En la nueva economía de plataformas, como dice un cartel del Colegio de Agrimensores en la ruta 2, camino a la costa, "El tamaño sí importa".




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